Experiencia con el pueblo Misak

Experiencia con el pueblo Misak

Orando, caminando, aprendiendo juntos.

Ser parte de, es una búsqueda continua del ser humano. Pertenecer a la familia, a una comunidad, a un lugar, a un grupo entre otros. Pero muy poco reflexionamos el significado de ser parte de la tierra. Esta relación intrínseca de ser de ella, de la tierra, de no vernos alienados, de sentirnos  pertenecientes a la comunidad cósmica. Este senti-pensarnos en relación con el cosmos es una invitación que parte del creador(a). De la Ruah( Espíritu); de su aliento.

Todos: seres humanos, animales, plantas, células, átomos, la tierra, hemos recibido de su aliento para tener vida. Por eso al reflexionar ¿De qué manera los pueblos indígenas entienden su relación con la tierra? tenemos que adentrarnos en el conocimiento de dónde surge su espiritualidad. Para el pueblo gunadule está en la profunda relación con Nana y Baba. (Mamá/Papá), con el creador(a). Y de esta relación con Nana y Baba surge la vocación de amar, cuidar, cultivar, tener una relación de inter-intra dependencia con la tierra.

Árbol de profundas raíces

El pueblo Misak, sus raíces, se relacionan con su narrativa. Narrativa que es dinámica en su encuentro con otros distintos a ellos, pero en esa tensión van construyendo quienes son, identificarse con aquello que ellos eligen o no, como parte de sí. Uno de sus relatos nos cuenta que el origen del pueblo Misak proviene de dos lagunas.

Reconocen de esta manera la esencia de quienes son, hijas e hijos de estas lagunas. Misak significa gente del agua. Sí hay un reconocimiento de que en occidente es necesario profundizar el origen y sentido de pertenencia en relación con la tierra, con el agua. Cuando pensamos de que somos parte de, debemos preguntarnos qué nos une a todos los seres vivos, incluyendo al humano. Debemos reconocer que el lugar donde habitamos y de donde surgimos nos une.

Las profundas raíces de los árboles nos permiten traer a la memoria nuestra pertenencia a… Es este llamado a recordar que somos parte de la tierra, del agua, del aire, del fuego. Somos parte de la comunidad cósmica porque así Dios lo quiso y encontrarnos como parte de ella nos libera del egoísmo, de la supremacía, del epistemicidio, de la colonización, de la muerte. El árbol que tiene profundas raíces con su origen-identitaria, es quien nos humaniza y por lo tanto nos invita a parecernos más al creador. Al escuchar la memoria de cómo contaban el origen de su pueblo las y los Misak, me he conectado con ellos, porque también tengo en mi memoria narrativas que me conectan con la tierra, el agua… Y que alimentan quienes somos y nuestra pertenencia a. Seguir profundizando en estas aguas nos recuerda la importancia de la interdependencia con los dules (seres vivos), creando en nosotros la gratuidad y el respeto por la vida. En estos días juntas y juntos estuvimos reflexionando en el salmo 1. A partir de este poema  recordamos que  si nuestras raíces son alimentadas por la savia de Dios, nuestra comunidad estará lleno de frutos, su hojas no caerán y todo lo que hagamos prosperará. Recordamos los relatos que en nuestros  pueblos nos hablan sobre los árboles y como nos ayudan estas memorias a permanecer como árboles resistentes en medio de las adversidades.

Caracol que nos enseña sobre el tiempo

Siendo una gunadule urbana, muchas veces me veo inmersa en este juego del tiempo reproducido por el sistema de producción. No tengo tiempo, es una frase común que revolotea en mi cabeza y que escucho entre mis conocidos. Y ciertamente así nos vemos enrolados por aquello que decimos falta de tiempo.

El tiempo contabilizado de manera enfermiza y usado desde el sistema de producción esclavista nos genera estrés, nos enferma y mata. Pero pensar como pueblo Misak concibe el tiempo como un caracol o una espiral en tres dimensiones. Donde el tiempo va, vuelve, pasa, vuelve, pasa y vuelve. Para los pueblos indígenas muchas veces el tiempo es explicado a través de la metáfora de caracol. Es en el centro del caracol donde empieza todo y allí vuelve todo. Invitándome a abrazar una propuesta que me libera de creer que puedo manipular el tiempo; porque es esa construcción reduccionista de cómo muchas veces concibo el tiempo, la que me lleva a interpretarla como un recurso que puedo manipular de manera consumista e individualista; existo cuando produzco algo. Porque somos también en relación a cómo percibimos el tiempo. Soy en relación a lo que hago, existo de la manera como entiendo el tiempo y el espacio. Esta vivencia es real pero también ficción porque es creada por mi.

Y es esta ambigüedad de la vida que necesito aprender del pueblo gunadule, de los Misak, de los pueblos del Abya Yala para entender el tiempo en espiral. De ellos estoy aprendiendo que hay dimensiones que son vividas de maneras paralelas al encontrarme con las memorias de las y los abuelos. El futuro está atrás pero también delante. Así es la espiral del tiempo que nos recuerda el origen, para crecer, madurar… No podemos olvidar el origen que es mi futuro también. Porque solo recordando de dónde venimos caminamos con la comunidad, quebrando el sistema de desarrollo que está generado por lo que creemos que es una vida mejor. Más bien reconocemos que en la vida estamos todos unidos por la misma espiral, así como el sobrero Misak está formado por una larga cinta que se une en espiral desde el centro. Pero, también aprendemos a valorar lo que llamamos tiempo en relación con los ciclos de la tierra, la siembra, la cosecha, las estaciones, las ceremonias, los ciclos de la luna…. Porque en la espiral todo está conectado.

 

Entre luchas, lamentos y esperanzas

En la lengua Misak, Cauca significa: “ Madre de los bosques”. De la madre reciben el alimento para vivir: papas, maíz,

habas, café, entre otros. Las luchas, lamentos y esperanzas han estado en el recorrido de la construcción dinámica de su identidad. Los y las ancianas Misak cuentan que son descendientes del Cacique Payán, quien gobernaba un extenso territorio que hoy en día equivaldría a la unión de varios municipios del centro, norte y oriente del departamento de Cauca, incluyendo la capital, Popayán.

Sin embargo, con la llegada de los conquistadores españoles y la posterior aparición de terratenientes locales, su espacio se vio abruptamente reducido hasta quedar agrupados en las verdes y frescas montañas del municipio de Silvia. Ellos fueron explotados y sometidos por los nuevos patrones en sus tierras ancestrales. En medio de estas realidades los Misak se organizaron para reconstruir sus memorias y recuperar el territorio de sus ancestros y ancestras. Ese proceso de lucha continúa hoy y se manifiesta con diversos rostros. Los Misak son un pueblo que siguen alzando su voz, con acciones concretas, reconociendo que la justicia dará a luz, cuando se respete el derecho total de su pueblo. La esperanza sigue de la mano de la justicia.

 

Y es allí como seres humanos, seguidores de Jesús de la vida, que debemos seguir cosiendo hilos que generen vida. Mientras estuve con mis hermanas y hermanos Misak escuche sueños, anhelos y lamentos; percibí la fuerza de sus jóvenes quienes siguen trabajando por mantener viva la llama de su identidad, misma que se sigue forjando con sus antepasados pero también con los nuevos desafíos del hoy.

Mis hermanos y hermanas Misak cristianos que participaron del encuentro de Memoria Indígena reflexionaron y levantaron muchas preguntas, alguna de ellas: ¿Cuál es nuestro papel como iglesia en medio de las luchas de nuestros territorios? ¿Cómo entretejer la identidad indígena y la fe cristiana? entre otros. En lo personal al escuchar sus preguntas y comentarios, también me han evocado otras preguntas: ¿Que nos hablan las ceremonias de los pueblos indígenas sobre Dios? ¿Cuáles son las buenas noticias de Jesús para el pueblo Misak? ¿Y de qué manera mostramos el evangelio pleno de Jesús en medio de estas luchas y lamentos? Entre muchas otras. Ser parte de es también para mí abrazar la identidad del otro desde la fraternidad, porque también voy formándome a partir de la otredad. Ser parte de puede ser intrigante, este misterio revelado en el compartir, soy quien quien soy cuando pertenezco a… Somos cuando pertenecemos a la tierra.


Motivos de Oración

Por el equipo Misak que esta organizando y trabajando un proceso de escuchar, plasmar, escribir, grabar la historia de sus ancianas y ancianos. Además de la iglesia Misak.

Como Memoria Indígena estaremos participando junto a la organización indígena fundación para la promoción de conocimiento ancestral en la COP25. La COP 25: Es la Conferencia de las Partes (COP) es el órgano de decisión supremo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre cambio climático (UNFCCC por sus siglas en inglés). En su vigésima quinta reunión organizada y presidida por Chile, que se llevará a cabo entre el 2 y el 13 de diciembre en Madrid, las 197 Partes que conforman el tratado -196 naciones más la Unión Europea-, buscarán avanzar hacia la implementación de los acuerdos que se han determinado en la Convención que establece obligaciones específicas de todas las partes para combatir el cambio climático.

Por este tiempo donde escribo la tesis de maestría.
Por mi tiempo de levantar fondos.
La  exigencia de morir a los sueños que el mismo Reino provoca.

La exigencia de morir a los sueños que el mismo Reino provoca.

El regalo  de su llamado vino envuelto en esta dinámica misteriosa que exige morir a los sueños que el mismo Reino provoca; porque nos emociona, nos envuelve, pero este misterio del Reino de Dios también cambia nuestros sueños. Involucrándonos en sus caminos de manera que no podemos visualizar con claridad, caminando a tientas; pero confiando que su gracia está actuando en nosotras(os), para revelarnos sus riquezas, y propósitos maravillosos, para asombrarnos y mantener en nosotras(os) el efecto sorpresa de su llamado y ser protegidos de esperar la réplica de lo ya vivido.

Así fue como inició este capítulo de mi vida. Dios me convocó a caminar en comunidad con los pueblos indígenas a través de lo inesperado. Cambiando la expectativa de mi ruta  y persuadiendome a adentrarme en las memorias de mi pueblo gunadule. Es a través de los relatos de mis abuelas y abuelos que estoy descubriendo un poco más de su rostro y en este caso del rostro indígena de Dios. Por lo que me encantaría animarte a participar de este proyecto para que juntas y juntos podamos unirnos al hermoso tejido que desde épocas milenarias el Espíritu ha estado creando en Abya Yala( América) y en los pueblos originarios del mundo.

Mi nombre es Jocabed Reina Solano Miselis y soy de la nación Gunadule. Uno de los 7 pueblos indígenas que están ubicados en Panamá. Soy co-directora de Memoria Indígena y también misionera de United World Mission.

Parte de mi trabajo consiste en:

• Caminar con y aprender de los pueblos indígenas.

• Facilitar procesos de diálogo con los pueblos indígenas, a partir de las narraciones y memorias de los pueblos indígenas en Abya Yala( América).

• Alentar a los pueblos indígenas a escribir y registrar las historias de sus comunidades, y también las historias de las mujeres y hombres cristianos indígenas.

• Articular los enfoques teológicos indígenas que emergen de y para las comunidades indígenas.

• Reconocer las buenas nuevas de Jesús y su relación con las identidades de los pueblos indígenas en Abya Yala (América).

Desde estos espacios queremos seguir colaborando con las comunidades y los cristianos indígenas.

Este ministerio solo es posible con la ayuda de colaboradores. Todos mis ingresos para llevar a cabo se sustenta a través del apoyo de personas que creen en este trabajo. ¿Apoyarías mi ministerio en oración y dando financieramente?

Les invito a unirse a este ministerio de Memoria Indígena, para que  más personas puedan escuchar y aprender de los pueblos indígenas. Juntos(as), podemos añadirnos a los hermosos tejidos del Espíritu en Abya Yala (América) y entre los pueblos indígenas de todo el mundo.

De mayo a julio, tengo varios viajes en los que compartiré temas como «el rostro indígena de Dios», «narraciones como resistencia política en la experiencia de la nación Gunadule», y «pacificación y transformación de conflictos». Al mismo tiempo, Estoy ayudando a preparar la reunión anual de Memoria Indígena que se celebrará este año en una comunidad Misak un pueblo indígena que está en el Cauca, Colombia. El tema de la reunión es «Memoria, territorio e identidad».

Concluyo con esta noticia que me brindan una profunda alegría: en estos meses trabajaré escribiendo mi tesis con el tema «La memoria cósmica que alimenta la narrativa de un pueblo: Historias de Ologwadule y Génesis 1: 1-2: 3. «Les agradezco a todos por sus oraciones y ánimo. Ha significado mucho para mí en este viaje.

Cuando comencé a desempeñarme como co-directora de Memoria Indígena, realmente no sabía qué iba a pasar ni los caminos que Dios me iba a llevar mientras servía entre los pueblos indígenas. Todavía no lo veo claramente, incluso cuando ya estamos trabajando en muchas cosas hermosas. Hay muchas incógnitas para mí, que incluyen cómo recaudar  fondos para mi salario hasta soñar con fomentar una comunidad cristiana indígena intencional. Sin embargo, Jesús nos llama a seguirlo y caminar en el misterio del discipulado. Nuestra esperanza está asegurada cuando traigo a la memoria que Jesús también descubrió su camino paso a paso, y los que le seguimos reconocemos su camino paso a paso en nuestro viaje. De esta manera nos alegramos en su llamamiento. Nos sumergimos en la experiencia de vivir la vida de Jesús. Sólo en el camino, en medio de esa experiencia, descubrimos nuestro horizonte.

Gracias por apoyar este ministerio,

Jocabed Reina Solano Miselis

The demand to die to your dreams that the Kingdom itself ignites.

The demand to die to your dreams that the Kingdom itself ignites.

The gift of his call came wrapped in this mysterious dynamic that demands one die to the dreams that the Kingdom itself sparks, getting myself involved in his ways in a way that we cannot visualize clearly, groping but trusting that his grace is working in us to reveal his riches and marvellous dreams and to amaze us and keep alive in us the surprise of his calling– the surprise that never lets us expect the future to be a repeat of what we have already lived.

This is the way this chapter of my life began. God invited me to walk in community with Indigenous peoples through unexpected means, changing my expectations of my life path and inviting me to dive deep into the memories of my Gunadule people. It is through the stories of my grandmothers and grandfathers that I am discovering a little more of his face, in this case the Indigenous face of God. And I would love to invite you to participate in this project so that together we can unite ourselves to the beautiful weaving that Spirit has been creating in Abya Yala (America) and among Indigenous peoples around the world from ancient times.

My name is Jocabed Reina Solano Miselis and I’m from the Gunadule nation; an Indigenous people which are one of seven original ethnic groups in Panama. I am co-director of Memoria Indígena and also a missionary with United World Mission.

My work in part consists of:

• Walking with and learning from Indigenous peoples.

• Facilitating processes of dialogue with Indigenous peoples, starting from the narratives and memories of these Indigenous peoples..

• Encouraging Indigenous peoples to write and record the stories of their communities and also the stories of the Christian women and men from among them.

• Articulating Indigenous theological approaches that emerge from and for Indigenous communities.

• Recognizing the good news of Jesus and how it is interwoven into the identities of Indigenous peoples in Abya Yala (America).

From these spaces we want to continue collaborating with Indigenous communities and with Indigenous Christians.

This ministry is only possible with the help of supporters. I raise all of my income to do this ministry through the support of people who believe in this work. Would you support my ministry in prayer, and by giving financially?

I invite you to join with me in this ministry (Memoria Indígena), so that Jesus’s disciples everywhere can listen and learn from Indigenous peoples. Together, we can unite with the beautiful weaving of the Spirit in Abya Yala (America) and among Indigenous peoples around the world from ancient times.

From May to July, I will be working on a few different things. I have a number of trips planned where I will be sharing on topics such as “the Indigenous face of God”, “narratives as political resistance in the Gunadule nation’s experience”, and “peacemaking and conflict transformation.” At the same time, I am helping to prepare the annual Memoria Indígena gathering this year to be held in a Misak community in Cauca, Colombia. The theme of the gathering is “Memory, Territory, and Identity.”

I conclude with news that brings me deep joy: in these months I will be working on writing my thesis with the theme of “The Cosmic Memory which Feeds the Narrative of a People: Stories of Ologwadule and Genesis 1:1-2:3.” I thank all of you for your prayers and encouragement. These have meant so much to me on this journey.

When I began serving as co-director of Memoria Indígena I really did not know what was going to happen or the paths that God was going to lead me down as I serve among Indigenous peoples. I still do not see it clearly even when we are already working on many beautiful things. There are many unknowns for me including how I will raise my funds, and how God may be calling me to nurture an Indigenous intentional Christian community in the future. However, Jesus calls us to follow him and walk in the mystery of discipleship. Our hope is assured when we remember that Jesus also discovered his path one step at a time, and those of us who follow him recognize his way step by step on our journey. In this way we take pleasure in his calling. We dive into the experience of living life for Jesus. Only on the way, in the midst of that experience, do we discover our horizon.

Thank you for supporting this ministry,

Jocabed Reina Solano Miselis

Woven Through Prayer

Woven Through Prayer

Life is woven through small stories which in turn form larger stories.  In these small and larger stories we can see God working in humanity.  My family is part of the Guna nation, an indigenous people in the country of Panama which has existed for hundreds of years in Abya Yala (the American continent). From the Guna people we learned to live in community and we learned about the grace of the Creator through our relationship with the land and the people.  Additionally, our narratives tell us of the Guna people’s search for a creator.  Each time they celebrate a gathering there’s a time to sing to the Creator and to remind us of the importance of singing to God as an expression of our spirituality.

However, as a Guna community, we have also had our own set of limitations, and one of them was schooling.  There was a time in Guna Yala when only primary schools were available and anyone who wanted to study in a Western-style secondary school had to travel to Panama City.  My great-grandfather took up some acquaintances on their offer to care for my mom so she could live with them and go to school.  During those times when she lived with them and away from her family, she felt very lonely and far from her home.  As she tells it, “My best friend during those times was God.”

The years went by and one day she attended a Guna church where she met her husband and had four daughters, of which I am one.  My dad and mom decided to serve God from when they were very young.  As part of this service, they moved to a Guna community in Panama City called Kuna Nega.  At that time, Kuna Nega did not offer basic services such as water, electricity, bathrooms, and transportation.  We were one of only four families there.  They had received a calling from God to serve him among our people.

When my dad and my mom arrived at the Kuna Nega community, they decided to host a Sunday school, so our first task as their daughters was to invite our friends to our parents’ house to study the Bible, pray, and eat together.  The first Sunday meetings were held at our house, for a long time.  As time went on, more and more families started living in the Kuna Nega community, and more and more children and youth started to participate and make a commitment to Jesus.

These young people and others, along with my family, held various activities for the community, such as parties on Christmas, Mother’s Day, Father’s Day, Children’s Day, and other special days.  We helped the community clean up, build houses, and tend gardens.  We also gathered to eat, pray, and study the Bible.  I remember how as children, my sisters and I would pray along with our mom and dad, asking God to help us communicate the Good News, to be faithful to His calling, and for our friends to enjoy a relationship with Jesus.  This is how God eventually answered the prayers of a nine-year-old girl (my mom) when she felt lonely and acknowledged Jesus as her best friend.

This is also how He answered my dad’s prayer.  He came to know Jesus when he was a twenty-one-year-old university student.  His faith has never decreased, but has instead intensified through the years.  Thus, when he married my mom, they started praying and fasting, asking God for direction as a family so they could hear his voice and recognize where the Lord was inviting them to work.  We’ve served in the Kuna Nega community for over thirty years, up until now, in May, when we’ll finish our time as missionaries.  My father, who was a pastor for over thirty years, has decided to hand off leadership to a new generation.

Many of the members of this generation were there at the beginning of our ministry and started participating while they were children.  I recall that many of the leaders currently serving in the church were like my older siblings, because when I was five years old, they were already adolescents.  We shared life and grew up together.  Now, as adults, we can thank God because the tapestry of prayer is woven from these small stories that become larger stories in the grand history that is God’s love for humanity.  On June 23rd, 2018, a ceremony will be held to honor my family as the founders of this church.  Around 500 people now form part of it, of which over 300 are children and youth.  What began with prayer carries on with the prayers of many, the prayers of those who have come to believe that Jesus is the Good News to humanity.  The tapestry of God’s grace is held together by these strands of prayer, as it creates this grand design of love for all peoples, including the people of Kuna Nega.

Prayer: We thank Jesus for his faithfulness, for calling us to His work.  We ask that the Spirit of God will keep granting wisdom, discernment, passion, and love for people.  May the Cristo Daniki church keep being a light within the Kuna Nega context.

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